una antropología que florece fuera de la academia: anthony henman y el cactus san pedrito entrevista de bía labate traducción al españ

Una antropología que florece fuera de la academia:
Anthony Henman y el cactus San Pedrito
Entrevista de Bía Labate
Traducción al español de Ricardo Díaz Mayorga
El antropólogo Anthony Henman es uno de esos personajes paradigmáticos
que nos hace preguntarnos: “¿porqué llevo la vida que tengo?”. Es de
aquellas personas híbridas, cuya identidad cultural es algo imprecisa,
del tipo del que ya se hizo un poco “nativo” (a pesar de sus casi 1.90
m y su piel rosada). Mezcla de brasileño, inglés y argentino, divide
su tiempo entre una casa de campo en el País de Gales y un tejado en
el encantador barrio colonial de Barranco, en Lima. La casa peruana le
sirve como base para sus viajes por el interior del país en busca de
especies del cactus San Pedro o Wachuma (Trichocereus pachanoi), un
potente alucinógeno cuyo principio activo es la mescalina (el mismo
presente en el peyote, que se hizo internacionalmente conocido a
través de la obra de Castaneda).
Con 54 años, Anthony fue uno de los pioneros de la discusión
sociológica sobre las drogas en el Brasil. Ex profesor de la
Universidad de Campinas, organizó dos compilaciones y escribió tres
libros, además de varios artículos. Su obra más conocida es
probablemente “Mama Coca”, publicada en Londres con un seudónimo, al
final de la década del 70. Se trata de uno de los primeros escritos
académicos contemporáneos en abordar la cuestión de los usos indígenas
de la hoja de coca (Erythroxylum coca) y en criticar los discursos
autoritarios y etnocidas contenidos en la agenda política de la así
llamada “guerra contra las drogas”. Su currículo incluye también
investigaciones sobre el uso de la diamba (Cannabis sativa) entre los
indios Tenentehara del Marañon, la religión ayahuasquera Uniao do
Vegetal, el guaraná entre los Satere-Maue, el consumo de heroína y
cocaína en Europa y los EEUU, y el análisis de las políticas de
“reducción de daños” (estrategias públicas para disminuir los
problemas causados por el consumo de psicoactivos sin pretender su
completa prohibición).
Desde lo alto de sus cabellos blancos y desgreñados, Anthony declara
sin ceremonias que abandonó definitivamente la academia. Encima de
todo este hombre es un empírico o, en otras palabras, un amante de las
plantas. Sus favoritas son la coca y el San Pedro, que cultiva
cariñosamente en su jardín mágico y cocina a partir de técnicas que él
inventó. Acostumbra a consumir este último en forma solitaria, al lado
de las hojas de coca que masca diariamente. Sería difícil precisar su
amplio currículo de experimentaciones psicodélicas, que incluye una
casi sobredosis de heroína en una ocasión en que investigaba a los
junkies.
Padre de seis hijos, ex marido de cuatro mujeres (de varias
nacionalidades), Anthony es un hombre carismático, que sabe cambiar
los duros impuestos y el invierno europeos por el calor de las
cholitas peruanas. El nos concedió esta entrevista en una visita a Sao
Paulo a comienzos del 2004.
Bía: ¿Qué es el Cactus San Pedro?
Anthony: El San Pedro incluye varias especies de un género que
antiguamente era llamado Trichocereus y ahora fue reunido dentro del
género Echinopsis. Son por lo menos tres especies principales: la E.
Pachanoi originaria del Ecuador y norte del Perú, extendiéndose hasta
Huarás y Huanaco; la E. Peruvianus, que comienza en el departamento de
Lima y va hasta Cuzco; y la E. Bridgesii, que va alrededor del lago
Titicaca y llega a La Paz. En el sur de Bolivia y en el norte de
Argentina hay unas dos o tres especies más que no se conocen muy bien.
Son bastante diferentes entre sí: unas miden de 5 a 6 metros, otras
nunca pasan de 1.5 m; algunas tienen troncos de 30 cm de espesor y
otras de apenas 7 cm; hay especies con 4, 5 ó hasta 12 segmentos o
divisiones laterales. La cantidad de espinas también varía mucho. Pero
todas las especies contienen el mismo principio activo, la mescalina.
Esta aparece siempre, más o menos, en la misma concentración, un 1.2%
del peso de la planta verde. Una dosis activa de mescalina es de cerca
de 300 mg, entonces para tener un buen efecto es necesario procesar
250 g de planta en estado crudo.
B: El término “wachuma” también es utilizado para referirse a la
planta?
A: Wachuma es el nombre indígena antiguo del San Pedro. La primera
descripción detallada de su uso es del padre Bernabé Cobo, un jesuita
que hizo un trabajo sobre plantas, animales y minerales en el siglo
XVII. El cambio de nombre para el San Pedro tiene que ver con la
utilización mestiza de esta planta, que se desarrolló en los últimos
200 ó 300 años.
B: ¿Cuándo fue identificada la mescalina en el cactus San Pedro?
A: Esta es una cuestión interesante, porque la identificación de la
mescalina en el San Pedro no fue inmediata. La mescalina en sí fue
aislada en la década de 1890 en los EEUU, a partir del peyote (Lophophora
williamsii). En esa época, poetas e intelectuales experimentaron un
efecto alucinógeno por primera vez en la era moderna e industrial.
Paralelamente, en la década de 1930 la variedad E. Pachanoi del San
Pedro estuvo ampliamente difundida como una curiosidad botánica y como
base de injerto para otras especies de cactus, teniendo presencia en
casi todos los viveros de cactus del mundo. Pero esto ocurrió antes de
que las personas se dieran cuenta de que esta especie contenía
mescalina. Aunque hubiese usos tradicionales del San Pedro en el Perú,
los botánicos no se interesaron mucho en investigarlos. En los años
40, algunos médicos en Lima sugirieron que podría haber mescalina en
el San Pedro, pero no consiguieron hacer los análisis necesarios. Fue
solo en 1960 que se dio esta identificación y la publicación de los
hallazgos. Si pensamos en el descubrimiento de los hongos, de la
mescalina presente en el peyote, o en el LSD, eso se da en una fecha
relativamente tardía.
B: ¿Y cuál es el status legal de la mescalina?
A: Está en todas las listas de sustancias prohibidas, hecho que,
desgraciadamente, va a ser muy difícil de cambiar. Al mismo tiempo,
las especies vegetales que contienen mescalina están en una tierra de
nadie, no son propiamente ni legales ni ilegales. En los países
andinos, no ha habido aun un debate legal significativo en torno al
estatuto del San Pedro. El peyote, al contrario, generó bastante
polémica, como resultado de su consumo por la Native American Church
(NAC) en los EEUU y por los huicholes en México. En los dos casos, el
resultado de la discusión fue el peor posible, pues se estableció un
apartheid étnico donde solo se puede ser de la NAC si se tiene sangre
indígena; y en México, solo los huicholes están autorizados a colectar
y consumir peyote; ni siendo indígena de otra etnia se tiene ese
derecho.
B: Los científicos sociales insisten en que es necesario estudiar el
consumo de drogas a partir de un modelo que tenga en cuenta el setting
(contexto social) y el set (expectativa del individuo), oponiéndose a
las lecturas mas estrictamente médicas y farmacológicas que
generalmente son determinantes en el debate público. ¿Porqué Usted ha
criticado el modelo del set y setting?
A: Norman Zinberg estableció estos conceptos durante los años 1960.
Sus investigaciones fueron importantes porque demostraron que las
personas podían tener una relación no problemática con los opiáceos,
en la época considerados el colmo de todo, que llevaban
inevitablemente al vicio, etc. Pero, desde el punto de vista teórico,
la separación entre estas esferas hecha por los comportamentalistas,
una escuela de psicología norteamericana cuyas raíces, en la década de
1940 y 50, asumían una división poco adecuada entre “mente” y
“cuerpo”. Set y setting son, en el fondo, una reedición de ese
dualismo: las expectativas del sujeto (set) representan el aspecto
mental, y el ambiente cultural (setting), el cuerpo. Cuando esos
conceptos son fetichizados se termina con un modelo un poco mecánico
–hay una sustancia X, que combinada con una expectativa Y y un
ambiente Z, va a producir tal efecto–. Pero al analizar la experiencia
de una persona vemos que la cosa es más complicada. Hay muchas feed
back loops (vueltas de retroalimentación): cosas que vienen de la
cabeza y van para el cuerpo y viceversa. Es muy difícil decir
exactamente si una sensación que está en el cuerpo viene de una
euforia cerebral o viceversa. Preferiría un modelo donde se asume que
el efecto de una sustancia es de alguna manera imprevisible. El hombre
nunca conseguirá domesticar totalmente la experiencia. Esa magia es,
desde el punto de vista indígena sudamericano, lo que se concibe como
el “espíritu de la planta”. Ese espíritu es autónomo, tiene su propia
fuerza. Y eso está más allá de la división mente/cuerpo. Yo defiendo
el concepto de la planta maestra (o profesora), la planta que enseña,
que reduce esa prepotencia humana de que todo puede ser controlado por
medio de disciplinas físicas y mentales.
B: ¿Cuáles son las diferentes técnicas de preparación del San Pedro?
A: Ahí comenzamos a entrar en la cuestión de la relación que el hombre
andino tuvo con el San Pedro desde las primeras épocas pre-cerámicas,
entre 2 ó 3 milenios A/C. Restos de la planta fueron encontrados en
varias excavaciones en el litoral peruano. Pero en estos lugares la
wachuma no crece naturalmente pues ella se da entre 2 y 3 mil metros
de altitud. Dadas las condiciones de transporte de la época –y
considerando que una caminata de la sierra hasta la playa sería de por
lo menos 80 km– es muy poco probable que se transportase el cactus en
su estado verde. Probablemente fue así que surgió la técnica de dejar
el San Pedro secar al sol. Independientemente del registro
arqueológico, lo que predomina actualmente en el Perú es el cocimiento
de la planta verde: se corta el cactus en tajadas y se cocina por
varias horas. Después se cuela y se eliminan las partes sólidas de la
planta, para tomar el líquido viscoso que sobra. Recientemente algunas
personas, yo inclusive, han redescubierto la técnica original de secar
la planta antes de cocinarla. Creo que, de alguna forma, esto afecta
su rendimiento, haciendo que algunos precursores de la mescalina se
conviertan en mescalina, potencializando el efecto total.
B: ¿Existen otras especies botánicas que son adicionadas al cocimiento
del San Pedro?
A: En la tradición del norte del Perú los curanderos usan plantas
llamadas michas, que ellos dicen que aumentan el poder de la bebida.
Sirven para “seguir el rastro” (rastrear), quiere decir, seguir una
pista para el tratamiento de enfermedades provocadas por causas
mágicas. El uso de estas especies favorecería la interpretación de las
alucinaciones del curandero y del paciente. Pero varias de estas
plantas no tienen ningún poder psicoactivo, o sea, tienen apenas
“eficacia simbólica”. Aquellas que tienen algún contenido
farmacológico activo son de la familia de las Solanáceas,
principalmente Brugmansias, que se concentran en el noroeste amazónico
en las áreas adyacentes a los Andes. La Brugmansia candida es una
variedad con flor blanca que se ve en Sierra del Mar y en Mantiqueira;
otra que se cultiva mucho en los jardines de la Amazonía es el Toé.
B: Usted es un coleccionador de San Pedro. ¿Cuál es su experiencia
cultivándolo?
A: A él le gusta un terreno bien drenado, con un poco de arena y
piedra. En general, yo dejo el San Pedro unos seis meses sin agua al
inicio para desarrollar bien su raíz. Una vez que las raíces ya han
salido, la planta debe tener un régimen parecido al cerrado (la sabana
seca del centro del Brasil): lluvias razonables por unos seis meses al
año, y seis meses de tiempo seco. Cuando cultivamos esas plantas en la
intimidad de nuestro jardín, ellas terminan volviéndose personajes.
Todos los días cuando me levanto tengo un momento de concentración
frente a ellas, tengo una relación con cada una. Además de eso, por
cuestión de abono, pero también por razones mágicas, echo cosas
vegetales alrededor del San Pedro, como colillas de cigarro, restos de
te, café, mate, etc. Parece que a él le gusta.
B: Describa un poco más su jardín.
A: En Lima tengo unas cien plantas en recipientes de diferentes
tamaños. Algunas ya tienen dos o tres metros y otras son muestras que
acabo de colectar y están en vasijas pequeñas, desarrollándose bien.
En Inglaterra, que tiene un clima no muy favorable (húmedo y frío),
creé artificialmente un invierno seco andino. Entre octubre y marzo no
les doy agua y las dejo dentro de la casa, donde reciben calefacción y
sol. Durante el verano europeo, las coloco afuera. Como llueve
bastante, acaba siendo parecido al verano de la sierra del Perú. Pero
en Lima el mismo cactus crece dos veces más.
B: ¿Qué se sabe sobre la tradición nativa precolombina de consumo del
San Pedro?
A: Hay evidencias arqueológicas de que el San Pedro era usado
ritualmente en el Horizonte de Chavin, una de las primeras
civilizaciones peruanas, alrededor de los 800 A/C, especialmente en el
centro ceremonial de Chavin de Huantar. En este lugar hay
representaciones de sacerdotes con el cactus en la mano, pero es
difícil saber los detalles del culto que allá se practicaba.
Probablemente incluía un momento de concentración en un patio externo
a la pirámide y después las personas pasaban adentro, donde había una
serie de pequeños corredores y salitas, y un sistema muy complejo para
dejar pasar aire y agua, lo que producía efectos sonoros bien
interesantes en el interior de la pirámide. Es posible visitar esos
lugares, yo ya estuve allá y puedo decir que es fascinante! Enseguida,
los participantes eran conducidos a un gran monolito de piedra que
representaba a su mayor divinidad, un gran felino –más que un simple
jaguar– con atributos de cobra, pájaro y otros animales. El arqueólogo
Richard Burger, de la Universidad de Yale, afirma que el ritual
incluía también la ingestión de otra sustancia. De acuerdo con el
investigador –y concuerdo con su visión–, en el momento de mayor
intensidad probablemente ellos inhalaban una dosis de huilca.
B: ¿Qué es la huilca? ¿Cuáles son las evidencias de que era consumida
junto al San Pedro?
A: La huilca (paricá en Brasil) es un polvo preparado a partir de las
semillas de la Anadenanthera peregrina, un árbol muy común en la
selva, que crece desde los Andes hasta Sao Paulo. Esta semilla
contiene dimetiltriptamina, el mismo principio activo de la ayahuasca
(Banisteriosis caapi + Psichotria viridis). Cuando se toma el San
Pedro y se adiciona huilca, se hace que el viaje que hasta ahí sería
mescalínico –o sea, sin grandes fantasías visuales– provoque una
alteración pronunciada en el campo visual. Ese efecto (de la huilca)
dura máximo de media a una hora. Probablemente en este momento las
personas eran colocadas delante de la imagen felínica. Esta tesis se
apoya en la existencia, en Chavin, de una serie de cabezas incrustadas
en las paredes de la pirámide en varios niveles de transformación:
desde un humano totalmente humano, hasta un felino totalmente dragón.
La metamorfosis, como demostraron algunos investigadores, está
claramente asociada con la hinchazón de la nariz. Mi interpretación es
que, al adicionar la huilca –que era inhalada–, se producía una
transformación felínica, una verdadera “encarnación” del espíritu
tutelar del culto. Hay también muchas evidencias del uso conjunto de
las dos sustancias (San Pedro y huilca) en otras culturas que
aparecerán después, en el Horizonte Medio del Perú, entre los Mochica,
los Nasca y los Wari.
B: Pero la huilca y el San Pedro no siempre son consumidos en
conjunto.
A: Es verdad. Las “tabletas” de huilca, especie de bandejitas para
aspirar el polvo, también estuvieron ampliamente difundidas en el sur
andino, hasta el norte de Chile y el norte de Argentina. Ahí no se
sabe con certeza si las personas usaban el cactus también; es difícil
precisar si las dos plantas siempre fueron asociadas o en algunos
casos usadas separadamente. En el caso amazónico es claro que la
huilca fue usada sin San Pedro, en una extensa área que incluía parte
del Brasil. Pero las evidencias de Chavin me estimularon a hacer
experiencias conmigo mismo y con por lo menos veinte personas bajo mi
orientación. Todos parecen concordar en que el efecto combinado de San
Pedro y huilca es más interesante, llevando a espacios más insólitos
de aquellos provocados por cada una de las sustancias separadamente.
B: ¿Existen evidencias históricas de que los Incas utilizaban la
wachuma? Este tipo de idea parece ser moneda corriente entre grupos
esotéricos contemporáneos.
A: No hay absolutamente ninguna evidencia histórica en este sentido,
así como no hay pruebas arqueológicas, ni etnográficas de que los
Incas consumiesen ayahuasca. Hay certeza, sí, de que usaban hojas de
coca y de que consumían las semillas de huilca molidas, mezcladas en
la chicha (bebida de maíz fermentado).
B: ¿Cómo se caracteriza la tradición del consumo mestizo del San Pedro
por los maestros (curanderos) del norte de Perú?
A: El consumo del San Pedro fue condenado por los misioneros, siéndole
atribuida una gran carga de brujería, de rito satánico. Las nuevas
prácticas mestizas –que adoptaron el término San Pedro en una
referencia a la simbología cristiana, con un claro objetivo de
legitimar su consumo– surgieron a partir de una tradición que existía
antes, de raíces indígenas, pero que fue fuertemente afectada por la
colonización española. Las prácticas indígenas fueron replanteadas a
partir no solo del cristianismo, sino de conceptos mágicos esotéricos
del Mediterráneo, los cuales, a su vez, incorporaban elementos árabes,
clásicos, paganos, cabalísticos, etc. Este nuevo tipo de uso permanece
sociológicamente invisible hasta la década de 1930, cuando se
naturalizó entre las demás tradiciones médicas folclóricas peruanas,
llegando a ser hoy totalmente aceptado como parte de la “cultura
popular”.
B: Los curanderos trabajan mucho con la idea de la hechicería, a la
cual frecuentemente atribuyen la responsabilidad por las enfermedades
y la muerte. ¿Cómo ve Usted este sistema?
A: Puede funcionar muy bien para ciertos tipos de estados psíquicos,
depresiones, etc. Tiene la virtud de dar a la persona la sensación de
que está enfrentando algún mal, consiguiendo extirparlo. El problema
es que las cosas siempre se explican dentro de un marco paranoico,
todo es resultado de influencias negativas. El tema preponderante es
el de la envidia. Tantas veces escuché: “Todo es envidia”.
B: ¿En la tradición norteña peruana tanto el paciente como el
curandero toman el San Pedro?
A: Si, pero la dosis que los participantes toman no es suficientemente
fuerte para producir efectos marcados. Los curanderos conocen el
efecto real del San Pedro porque hacen sus dietas, toman mayores
cantidades y en concentraciones más fuertes. Pero la gran mayoría de
sus pacientes toman la planta por razones casi simbólicas. Eso deja
claro también otro aspecto del ritual, que es la singada. Esta es una
preparación de aguardiente con rapé de tabaco, San Pedro, agua florida
y otras aguas perfumadas, que es aspirada por la nariz por medio de
una cuchara. Dicha mezcla quema por dentro como pimienta, limpia la
cabeza, pero no tiene efectos alucinógenos. La singada sería una
especie de sobrevivencia simbólica de lo que antiguamente habría sido
el uso de la huilca asociado a la wachuma.
B: ¿Porqué persisten hoy tradiciones indígenas de consumo de varios
alucinógenos (como los ‘clásicos’ ayahuasca, hongos y peyote) y, en el
caso del San Pedro, queda apenas la vertiente mestiza?
A: No tengo propiamente una explicación. Lo que se dio históricamente
fue que el uso del San Pedro ocurrió en un área donde también
predominaban poblaciones indígenas en términos raciales, pero con
culturas locales muy afectadas por la adopción de valores europeos.
Comparado con el consumo de la ayahuasca, de la huilca, del peyote y
de los hongos, el número de personas que participan hoy de los
rituales con el San Pedro es muy mayor. El cactus es usado
literalmente por decenas, sinó centenas de millares de personas,
mientras que los demás cultos con plantas alucinógenas permanecen
ligados a contextos indígenas relativamente restringidos en términos
numéricos. Por eso, es curioso que la literatura sobre el uso del San
Pedro sea tan limitada en comparación con la de la ayahuasca.
B: Llama también la atención que el San Pedro haya ganado menos
prestigio en el ambiente artístico, político y cultural de la
contracultura o de la experimentación psiconáutica en el escenario
transnacional. ¿Cómo explica Usted esa relativa invisibilidad de la
wachuma?
A: Eso es relativo. Hay grupos en California, en Texas, en España y en
el sur de Francia, o en Lima mismo, usando el San Pedro de una forma
“no tradicional”. Pero ellos no alcanzan tanta visibilidad, por lo
menos por dos razones. La primera es que no existe una tradición
indígena “pura” del San Pedro, que sirva como bandera, como ocurre con
los Huicholes y el peyote, los Mazatecas mexicanos y los hongos, o los
grupos indígenas de la Amazonía occidental y la ayahuasca. El modelo
que existe, con sus ecos de magia medieval, no cuadra con la
percepción de los grupos alternativos interesados en estas cosas. Otra
razón es que, dentro de esa tradición actual mestiza, como ya dije
antes, la planta es preparada de una manera muy débil. Así, algunas
pocas personas que fueron hasta el Perú han vuelto diciendo que la
sustancia “no golpea”. Sería interesante crear un nuevo ambiente
ideológico para el San Pedrito –personalmente estoy trabajando en ese
sentido–. Tampoco surgió una nueva religión alrededor del San Pedro y
yo encuentro eso hasta positivo. No me gustaría ver un tipo de Santo
Daime (religión brasileña donde se consume ayahuasca) del San Pedro...
B: ¿Porqué? ¿En su opinión cuál es el contexto ideal para consumir el
San Pedro?
A: Yo veo que la mescalina permite una ritualización más suelta, no
requiere una disciplina tan estricta como la ayahuasca. Su efecto es
más sobrio, menos asustador para la persona que toma por primera vez.
Un tipo de ritual propio para el San Pedro tendría que tener en cuenta
el hecho de que el efecto demora bastante para subir: después de dos
horas usted aún no lo siente completamente; solo golpea a partir de la
tercera, cuarta o quinta hora. Ahí viene un periodo relativamente
extenso, de unas buenas cuatro horas, en que usted está en la “mitad”
de la experiencia. Después otras tres o cuatro horas durante las
cuales el efecto va disminuyendo. Sería bueno, entonces, organizar las
actividades conforme a esos tres bloques. En las primeras horas, las
personas sienten muchas veces baja de presión, sueño y frío. Ellas
tienen que ser animadas, por ejemplo un tipo de actividad ritual como
música, danza, etc., podría ayudar a traer la fuerza de la bebida. Ya
en la fase principal sería mejor el silencio, la posibilidad de cada
uno entrar en sus cosas, sus visiones... En la fase de descenso,
talvez fuese posible combinar el efecto del San Pedro con otras
sustancias, como marihuana, hoja de coca, alcohol, de forma de salir
de la experiencia en forma ordenada... ayudar al aterrizaje.
B: ¿Cómo describiría Usted la “personalidad” del San Pedro? ¿Qué
significa él para Usted?
A: En los primeros 25 años, lo tomé en forma bien irregular, quizás
una vez cada 5 ó 10 años. En esa época, a veces golpeaba bien fuerte y
a veces no. Comencé a tomar con más seriedad a partir de 1996 y, de
ahí para acá, vengo tomando en promedio una vez por mes. El cactus
crece bajo los rayos implacables del sol. Él tiene una energía muy
solar, usted siente el color amarillo-naranja. Esto se traduce también
en el tipo de alteraciones visuales que el San Pedro produce, muchas
de las cuales tienen una forma mandálica. Esas formas generalmente
tienen un centro, son equilibradas, estables; en tanto las triptaminas
(hongos, ayahuasca, LSD) producen alteraciones visuales con vueltas,
como serpientes, duendes que desaparecen, espirales que suenan. Es muy
importante para mi tomar San Pedro. Primero para mantener una cierta
salud física. Yo siento que cada sesión me da un “ajuste general”, es
como si las espinas del cactus penetraran en cada huequito de mi
cuerpo, ajustándolo y alineándolo. Yo acredito que también limpia la
cabeza. Consigo percibir mejor mis obsesiones amorosas, profesionales,
etc. También ciertas puerticas en el fondo de nuestra mente se ligan
unas a otras, estableciendo conexiones, evocando memorias y
pensamientos que normalmente no aparecen.
B: ¿Podría hacer una invocación típica del San Pedro, alguna oración,
estribillo o referencia que asocie con él?
A: Para mi, dos frases que vienen del contexto tradicional del norte
del Perú encierran la sabiduría del San Pedro. Una es: “Vamos
levantando, vamos levantando!”. Aquí está presente la visión de que el
San Pedro te pone de pié, te fortalece, te hace enfrentar las cosas.
Tiene mucho que ver con la fuerza que viene del cactus. La otra que
siempre usan es: “Vamos a florecer los caminos!”. La idea es de un
florecimiento de las posibilidades, cómo desarrollar un trabajo, una
relación, cómo hacerla florecer. La metáfora es buena: las plantas
nacen para florecer y nosotros deberíamos proceder de la misma manera,
levantando y floreciendo.
Todos los derechos reservados sobre la presente traducción. Prohibida
la reproducción parcial o total sin permiso del editor.
Publicada em: www.visionchamanica.com/Plantas/san_pedro.htm
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